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Asesinatos Políticos en América Latina

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Asesinatos Políticos en América Latina

Livro Ruim - 1 comentário

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Autor: Julio A Serra

Editora: Editorial El Ateneo

Assunto: Ensaio

Traduzido por: Livro Editado em Espanhol

Páginas: 351

Ano de edição: 2005

Peso: 480 g

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Ruim
Marcio Mafra
18/11/2011 às 12:33
Brasília - DF

Para Julio Sierra, jornalista argentino que já havia escrito um livro sobre os grandes assassinatos do século XX, não seria tarefa difícil pesquisar alguns jornais da américa latina e compor um cenário para seu novo livro “Asesinatos Políticos en América Latina”. Na verdade o autor forçou a barra para dar um cunho sul-americano ao seu argumento, mas o seu livro -, vez que não é obra de ficção - carece tanto do rigor técnico como do rigor histórico. A maior concentração dos assassinatos políticos está no México, onde entre 1913 e 1928 os mandatários mexicanos matavam seus adversários por “um dá cá essa palha”. Depois Julio Sierra conseguiu achar assassinatos políticos no Brasil, começando com João Pessoa, que embora fosse um governador importante, o seu assassinato foi crime passional. João Pessoa foi morto a tiros na Confeitaria Glória por João Dantas, amante de Anaíde Beiriz , pivô do crime. Mendes foi um caso de banditismo, por disputa de terra e Celso Daniel, em Santo André, foi um caso de crime de colarinho branco. Já seria suficiente para desclassificar o livro. Como pesquisa ou como documento o livro deixa muito a desejar. Já as mortes dos religiosos são de uma monotonia de deixar nervoso qualquer monge tibetano.


Marcio Mafra
18/01/2013 às 19:17
Brasília - DF

Historia dos seguintes assassinatos: Eloy Afaro, Presidente do Equador, em 1912 Francisco Madero, Presidente do México, em 1913 Emilio Zapata, revolucionário Mexicano, em 1919 Venustiano Carranza, Presidente do México, em 1920 Pancho Villa, revolucionário Mexicano, em 1923
Álvaro Obregón, Presidente do México, em 1928 João Pessoa, Governador da Paraíba, Brasil, em 1930 Augusto Santino, revolucionário da Nicarágua, em 1934 Jorge Gaitan, politico Colombiano, em 1948 Anastacio Somoza, Ditador da Nicarágua em 1956 Rafael Trujillo, ditador da Republica Dominicana, em 1961 Pedro Ararambu, Presidente da Argentina em 1970 Chico Mendes, Ambientalista brasileiro, em 1988, Celso Daniel, Prefeito de Santo André, Brasil, em 2002, e mais três religiosos: um Monsenhor Argentino, Um Arcebispo de San Salvador, e outro Monsenhor da Guatemala.

Marcio Mafra
18/01/2013 às 19:17
Brasília - DF

Aunque la no-reelección era un principio fundamental de la política mexicana establecido por Francisco Madero, Obregón alteró su definición con el propósito de forzar la interpretación de la herramienta jurídica y metamorfosearla en "no-reelección consecutiva", artilugio que le bastó a fin de presentarse nuevamente en 1928.

En modo alguno la maniobra redundó en un jardín de rosas, pues la pretendida reelección encontró obstáculos, como la oposición presentada por Luis N. Morones, líder obrero con una contundente presencia en los sindicatos, quien en las elecciones de 1920 había apoyado a Obregón. En esta oportunidad, no estaba de acuerdo con una reelección, lo que originó la creación del Partido Laborista Mexicano, cuya fuerza política no podia ser ignorada.

De todas maneras obtuvo el apoyo del Congreso, que reformó los artículos 82 y 85 de la Constitución de 1917 con el propósito de permitir la reelección presidencial después de un intervalo de un período y, de paso, extender el mandato presidencial de cuatro a seis anos.

La campana electoral también quedó marcada por el asesinato del candidato opositor, Francisco Serrano, junto con varios de sus amigos, en el camino a Cuernavaca, el 3 de octubre de 1927.

Otro motivo de oposición a su reelección lo presentaban algunas organizaciones católicas, que veían en él a un continuador de las políticas anticlericales y represivas de Calles.

Plutarco Elías Calles, a diferencia de Obregón que había sido un pragmático anticlerical, era un fanático anticatólico cuya persecución de la iglesia desató en 1926 una terrible guerra religiosa, La Rebelión de Los Cristeros. Focalizada en el centro-oeste del país, comprometió al ejército federal durante casi tres años, hasta que el fin de las hostilidades se alcanzó por medio de negociaciones.

El primer atentato

La tarde del domingo 13 de noviembre de 1927 un automóvil Essex se dirigió a la estación dei ferrocarril donde se esperaba el arribo de Obregón a Ciudad de México. Fue saludado con aplausos y pancartas. Luego el general subió a un Cadillac muy bien protegido. Esa tarde, antes de asistir a una corrida de toros, quiso dar un paseo en automóvil por la avenida principal del Bosque de Chapultepec.

El Essex, que lo había seguido desde su llegada, aceleró la marcha. Al ponérsele a la par, desde la ventanilla fue arrojada una bomba hacia el vehículo de Obregón. El incidente arrojó como saldo la muerte de uno de los atacantes por obra de las balas de los custodios del Presidente, que había resultado levemente herido, lo que no le impidió exigir a gritos que se pagara cara la fechoria.

La investigación no lograba descubrir a los demás cómplices del atentado, pero había que encontrar un culpab!e. Alguien informó que, al parecer, uno de los hermanos del sacerdote jesuita Miguel Pro era el propietario de automóvil y por ello se les inculpó a ambos como cómplices, aunque, como se demostró después, fueran inocentes.

Después de un juicio apresurado, el 23 de noviembre por la mañana el general Roberto Cruz hizo formar la tropa en la inspección de Policia. Miguel Pro fue llevado a enfrentar al pelotón. El sacerrdote de 29 años como último deseo pidió que lo autorizaran a entregarse a la oración, arrodillándose. lnclinó la cabeza, se santiguó y besó el pequeno crucifijo que llevaba en la mano, pendiendo del rosario. Luego se levantó y, con los brazos en cruz, lanzó el grito de guerra de los cristeros: "iViva Cristo Rey!': Una descarga ahogó su voz. Un oficial, con un rifle máuser, le dio el tiro de gracia en la cabeza.

EI cuerpo del padre Miguel fue trasladado a la casa de sus familiares. Una muchedumbre creciente se agolpó para rezar ante los despojos mortales y acompañarlos hasta la sepultura. Entre la casa de la familia Pro y el Panteón de Dolores hay unos seis kilómetros. Filas interminables de fieles vieron pasar el ataúd y aproximadamente unas 30.000 personas formaron el cortejo.

Anos después los restos de Miguel fueron trasladados a la parroquia de la Sagrada Familia de la Colonia Roma y algunos de sus huesos fueron depositados debajo dei altar mayor de la Basílica de Guadalupe. Miguel Agustín Pro fue beatificado por el Papa Juan Pablo 11 el 25 de septiembre de 1988.

El asesinato
Luego del asesinato de Francisco Serrano, Álvaro Obregón quedó solo y ganó las elecciones de 1928. Pocas semanas después de los comicios, el 17 de julio, el presidente electo y algunos diputados de Guanajuato estaban sentados en un restaurante ai aire libre en San Ángel, en el Distrito Federal, llamado La Bombilla.

Obregón llegó al lugar unos minutos antes de la una de la tarde. Bajó de su Cadillac acompanado por algunos amigos. Vestía un traje gris y daba muestras del buen humor que nunca lo abandonaba. Saludó a la concurrencia y para cada uno de los comensales tuvo una frase amable. Accedió a posar con un grupo de invitados y bromeó con ellos diciéndoles que seria mejor fotografiarse después de comer, ya que todos tendrían semblantes risuenos y satisfechos. La placa, en efecto, se tomó en una glorieta del jardín, frente al gran kiosco.

El asesino había permanecido de pie cerca de la mesa, a la derecha dei
mandatario. Parecia absorto en su labor y ajeno a cuannto ocurría a su alrededor. Se trataba de un dibujante abocado a 1a realización de caricaturas de algunos de 105 parroquianos.

Una vez ubicados en torno a las mesas del agasajo, el caricaturista avanzó con lentitud hacia la mesa de honor. Los artistas callejeros son habituales en México y nadie pensó que era extraño que un joven se acercara a la mesa de Obregón y le mostrara sus papeles con dibujos. Llegó al extremo izquierdo, cerca de lugar donde se hallaba el diputado Ricardo Topete, que conversaba con otro invitado. El dibujante se le acercó diciéndole que había hecho dos caricaturas, una dei general Obregón y otra de uno de los invitados.

-A ver qué le parecen a usted, señior Topete - le dijo-. Después haré su caricatura.

-Está bien - respondió con indiferencia el diputado.

-Voy a enseñárselas al general Obregón -replicó el artista-. A ver qué dice.

El asesino dio unos pasos rodeando un gran arreglo floral hasta llegar a ubicarse detrás del presidente electo, quien accedió complaciente a mirar lo que el joven le mostraba. Se volvió hacia su derecha, entregándose confiado a la contemplación de los dibujos. Eran las 2:20 de la tarde.

Contando con que todos charlaban distraídos y que nadie vigilaba sus movimientos ese fue el momento que aprovechó el asesiino. La orquesta tocaba la popular pieza "El Limoncito". Dio un paso a su izquierda y violentamente tomó la cabeza de su víctima con la mano por la parte delI temporal, en tanto con la derecha rápidamente extrajo del pecho una pistola automática Star calibre.35 y, colocando el canón en el pómulo derecho de Obregón, hizo el primel' disparo. El herido se apoyó en la silla con el brazo izquierdo y levantó el munón de su brazo derecho tratando de cubrirse, pero el asesino le disparó cuatro veces más por la espalda, de arriba hacia abajo.

Obregón no tuvo tiempo de movimiento alguno para defenderse. La agresión fue inesperada. Todos los balazos hicieron blanco. La víctima se desplomó sobre la mesa, primero. Después se deslizó hacia su costado izquierdo y cayó al suelo. Se cree que murió instantáneamente y que ya estaba sin vida en el momento de caer.

El asesino era un dibujante de 23 años que dijo llamarse José León Toral, oriundo de Lagos, estado de Jalisco. Se trataba de un fanático católico que acusaba a Obregón de ser el responsable de las persecuciones religiosas. La Rebelión de los Cristeros se estaba desarrollando todavía y el joven atacante, aparentemente dirigido por una manipuladora monja, la Madre Conchita, había llegado a la conclusión de que Obregón era el Anticristo y debía ser eliminado de cualquier manera.

Toral inmediatamente fue detenido y conducido a la inspección General de Policia. Allí fue torturado para que diera los nombres de sus presuntos cómplices. Los investigadores descubrieron en los días siguientes que era parte de un grupo católico encabezado por la Madre Conchita, como se la conocia a la monja María Concepción Acevedo y de la Llata, Superiora de Convento de Monjas Capuchinas Sacramentarias.

El 28 de noviembre se inició el juicio en el que Toral fue sentenciado a muerte. La madre Conchita fue condenada a 20 años de prisión, siendo enviada a la colonia penitenciaria de las islas Marías. En esa misma prisión se alojaba Carlos Castro Balda, también convicto por atentar contra la vida de Obregón. La presunta instigadora del asesinato abandonó los hábitos y se casó con Castro Balda.

Obregón tenía 48 años cuando fue asesinado. Fue un revolucionario tardío y un brillante militar de espíritu contemporizador. Su paso por el gobierno dejó la brillante estela de su ministro de Educación, José Vasconcelos. Más que anticlerical - que si lo era - y antirreligioso - que también lo era -, fue un pragmático. Pero cayó asesinado por un fanático religioso que lo acusaba de los atropellos que en realidad había cometido su sucesor, Plutarco Elías Calles.


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Marcio Mafra
18/01/2013 às 19:17
Brasília - DF

Novembro de 2010, estava em Lima, Peru, durante a Feira Internacional de Livros 2010, uma espécie de Bienal do Livro do Brasil onde comprei “História Del Peru Contemporáneo” de Carlos Contreras , “Asesinatos Políticos em América Latina”, de Julio Sierra e “La Guerra del Fin del Mundo” de Vargas Llosa. No mesmo local havia uma banca de livros usados, onde encontrei Elogio à Madrasta, no velho e bom português.


 

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